1. Prepara el suelo
Quita las malas hierbas y las piedras del suelo donde los instalarás. Labra y abona el suelo como si fueses a sembrar, y extiende una capa de tierra para que quede uniforme.
Colocar los tepes es fácil y puedes hacerlo tú mismo: solo requiere un poco de paciencia.
Conviene colocarlos lo antes posible: almacenados durante un periodo prolongado, el césped se seca.
Quita las malas hierbas y las piedras del suelo donde los instalarás. Labra y abona el suelo como si fueses a sembrar, y extiende una capa de tierra para que quede uniforme.
Nivela con un rastrillo y asegúrate de que la tierra está suelta (si no, habrá que removerla). Después riega, para que el terreno se compacte.
Los tepes se colocan como ladrillos o en tiras, lo menos separados posible; si quedan huecos, rellena las uniones con turba o arena. Por último, apisona el terreno con la parte plana de un rastrillo.
Siguiendo estos pasos tendrás tu nueva «alfombra natural» lista para disfrutar: en unos quince o veinte días las planchas habrán arraigado, según las condiciones del terreno y el riego.
Durante los primeros días riega a diario, evitando acumulaciones de agua. Usa también fertilizantes: urea o fosfato diamónico (100 g/m²) cada dos meses desde la primavera hasta el final del otoño. Si las hojas amarillean, añade sulfato ferroso (2 g/m²) al agua de riego.
El césped se corta en primavera y verano al menos una vez por semana, dejándolo a una altura de unos 2,5 cm.
Un buen recebo es importante para la base de tu césped. Hay dos tipos:
Un buen sustrato debe componerse principalmente de arena silícea de granulometría adecuada (0,25–1 mm). El recebo de arena es siempre recomendable, sobre todo en céspedes instalados sobre suelos inadecuados (arcillosos o arcillo-limosos): mejora la permeabilidad y la resistencia mecánica al pisoteo y al arrancamiento.
Mezcla al 50 % de arena y un sustrato de buena calidad. Los recebos deben ir asociados a operaciones de regeneración del césped: aireado o escarificado.
De la siega depende en gran medida el aspecto final del césped. Hay que contemplar la maquinaria, la altura y frecuencia de corte, y las buenas prácticas.
Hay dos tipos principales de segadoras: rotativas y helicoidales. Las rotativas son las más empleadas en jardinería para aficionados, parques públicos y grandes extensiones: una cuchilla de dos brazos gira a gran velocidad sobre un eje vertical, y no permite siegas por debajo de 20–30 mm. Su mantenimiento es fácil y barato (afilar las cuchillas y comprobar la alineación del eje).
El corte de las helicoidales es mucho más perfecto: un tambor con 5 a 11 cuchillas helicoidales. Cuantas más cuchillas, mejor corte: las segadoras de greens llevan al menos 9, y las de calles o jardinería entre 5 y 7.
Depende de la época del año y del tipo de césped; como término medio, el plazo que permita crecer a la hierba unos 13 mm por encima de su altura regular de siega. Nunca se debe segar de una sola vez más del 30 % de la altura del césped.